El centro político en Chile enfrenta una crisis significativa, evidenciada por la disolución de los partidos Demócratas y Amarillos, que no lograron alcanzar el mínimo de votos requeridos por la ley de partidos. Esta decisión fue aceptada sin apelaciones por ambas agrupaciones, que a casi cinco años de su creación, han visto cómo su influencia en el panorama electoral se ha desvanecido.