Sarah Mullally

Sarah Mullally se convierte en la primera mujer arzobispo de Canterbury, un hito histórico para la Iglesia Anglicana en Inglaterra

Sarah Mullally ha sido confirmada como la nueva arzobispa de Canterbury, marcando un hito histórico al convertirse en la primera mujer en liderar la Iglesia de Inglaterra.

El miércoles, Mullally, de 63 años, quien es enfermera oncológica y se convirtió en clériga, asumió oficialmente su nuevo cargo durante una ceremonia legal que formalizó su nombramiento, el cual fue anunciado hace casi cuatro meses. Este evento, conocido como el servicio de Confirmación de Elección, representa un avance significativo para la Iglesia de Inglaterra, que comenzó a ordenar a mujeres como sacerdotisas en 1994 y nombró a su primera obispa en 2015. La Iglesia de Inglaterra tiene sus orígenes en el siglo XVI, cuando se separó de la Iglesia Católica Romana bajo el reinado de Enrique VIII.

George Gross, experto en teología y monarquía del King’s College de Londres, subrayó la creciente divergencia entre la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia Católica, que prohíbe la ordenación de mujeres. “Es un gran contraste”, afirmó Gross, añadiendo que el nombramiento de Mullally es una declaración importante sobre la posición de la mujer en la sociedad.

A pesar de este avance, el nombramiento de Mullally podría intensificar las divisiones dentro de la Comunión Anglicana, que cuenta con aproximadamente 100 millones de miembros en 165 países y que está profundamente dividida en temas como el papel de la mujer y los derechos de las personas LGBTQ+. Además, la Iglesia de Inglaterra enfrenta críticas por no haber abordado adecuadamente los escándalos de abuso sexual que la han afectado durante más de una década.

Gafcon, una organización global de anglicanos conservadores, ha expresado su preocupación por el nombramiento de Mullally, argumentando que la mayoría de la Comunión Anglicana aún sostiene que solo los hombres deben ser obispos. Laurent Mbanda, arzobispo de Ruanda y presidente del consejo de Gafcon, criticó el apoyo de Mullally a la bendición de matrimonios entre personas del mismo sexo, afirmando que su liderazgo no es aceptable dentro de la Comunión Anglicana debido a su supuesta complicidad con prácticas que contradicen las enseñanzas tradicionales de la Iglesia.

La confirmación de Sarah Mullally como arzobispa de Canterbury no solo representa un cambio en la estructura de liderazgo de la Iglesia de Inglaterra, sino que también plantea importantes desafíos en un contexto de creciente polarización dentro de la Comunión Anglicana.