La reciente actualización de la pirámide alimenticia de Estados Unidos ha generado un eco en el ámbito nutricional de Chile, donde expertos ya aplicaban directrices similares en sus guías alimenticias.
La semana pasada, el Departamento de Salud de Estados Unidos presentó cambios significativos en su pirámide alimenticia, un modelo que influye en las pautas nutricionales de muchos países, incluido Chile. Las nuevas recomendaciones enfatizan la importancia de consumir proteínas de alta calidad, grasas saludables, frutas, verduras y cereales integrales, al tiempo que desaconsejan los alimentos altamente procesados y los carbohidratos refinados. Notablemente, en esta actualización no se incluye un espacio para golosinas con azúcares y harinas refinadas, que anteriormente se ubicaban en la parte superior de la pirámide, sugiriendo un consumo ocasional.
Expertos chilenos han señalado que estas recomendaciones ya estaban siendo implementadas en el país antes de la actualización estadounidense. Rinat Ratner, directora de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad del Desarrollo, comentó a BioBioChile que “la pirámide alimentaria dejó de ser un referente clínico hace mucho tiempo”. Ratner explicó que tanto en Chile como en Estados Unidos, el modelo del “Plato Saludable” ha reemplazado a la pirámide, priorizando visualmente las verduras y las proteínas de calidad.
Ratner también destacó que los nutricionistas en Chile ya estaban recomendando un aumento en la ingesta de proteínas, pasando de 0.8 gramos a un rango de entre 1.2 y 1.6 gramos por kilo de peso. Este ajuste tiene como objetivos principales generar mayor saciedad, evitar picos de insulina y prevenir la sarcopenia, que es la pérdida de masa muscular, un aspecto crucial para un envejecimiento saludable. “La nueva organización simplemente se ha puesto al día con la evidencia que ya aplicábamos en consulta”, afirmó Ratner.
Yael Toporowicz, nutricionista de IntegraMédica, también corroboró que la dieta no debería cambiar drásticamente con la nueva organización alimentaria, ya que priorizar alimentos ricos en proteínas, frutas, verduras y cereales integrales es parte de las guías de alimentación actuales en Chile. Toporowicz añadió que la diferencia radica en la representación visual de las porciones, donde los cereales no son el principal protagonista, aunque el requerimiento nutricional sigue siendo individual.
Ratner también ofreció una opinión crítica sobre la nueva guía, señalando que, aunque es valiosa por su enfoque en combatir la resistencia a la insulina mediante un mayor consumo de fibra y proteína, presenta “puntos ciegos”. En particular, mencionó que la guía ignora el valor protector de las legumbres como fuente de proteína vegetal y advirtió que podría ser peligrosa para personas con daño renal si no se supervisa adecuadamente.
Ambas expertas coincidieron en la importancia de consultar a un profesional para ajustar las porciones a las necesidades nutricionales individuales, enfatizando que las cantidades de alimentos deben ser personalizadas según el requerimiento metabólico de cada persona.
