Durante el verano, muchas personas interrumpen sus tratamientos de salud mental, lo que puede aumentar el riesgo de recaídas y descompensaciones emocionales.
La Dra. María José Correa, médica psiquiatra y Directora Médica de Clínica MirAndes Salvador de Grupo Cetep, advierte que la interrupción de tratamientos durante las vacaciones, motivada por viajes y cambios de rutina, puede tener consecuencias graves. Aunque el verano se asocia comúnmente con el descanso y la desconexión, para quienes padecen trastornos como la depresión o la ansiedad, esta época puede ser especialmente crítica.
Los cambios en la rutina, que incluyen horarios irregulares y la interrupción de la atención médica, junto con la percepción errónea de “estar bien”, llevan a algunos pacientes a suspender sus medicamentos sin la supervisión de un profesional. La Dra. Correa señala que “es habitual que en esta época algunas personas suspendan su tratamiento porque viajan, porque sienten que están bien o porque les cuesta sostener la motivación”. Sin embargo, interrumpir medicamentos o terapias sin indicación médica puede resultar en recaídas que se manifiestan semanas después.
La especialista enfatiza que la mejoría subjetiva no siempre indica una recuperación clínica completa. “Uno de los errores más frecuentes es pensar que, porque los síntomas han disminuido, el tratamiento ya no es necesario. La mejoría es parte del proceso, pero no equivale a recuperación”, advierte. La falta de continuidad en el tratamiento puede debilitar los avances logrados, que a menudo requieren meses de trabajo.
Los riesgos son aún más pronunciados en el caso de los psicofármacos. La Dra. Correa explica que la interrupción abrupta sin supervisión médica puede provocar síntomas físicos y emocionales adversos, como irritabilidad, ansiedad y alteraciones del sueño, además de aumentar el riesgo de reaparición del cuadro original. “Medicamentos ni terapia deben suspenderse por decisión personal, ni siquiera en períodos de vacaciones. Cualquier ajuste debe ser evaluado y acompañado por un profesional”, subraya.
Estudios indican que aproximadamente el 35% de los pacientes que suspenden tratamientos antidepresivos recaen a los seis meses, y más del 45% lo hace al año. Estos porcentajes varían según la historia clínica del paciente, la severidad de los síntomas y la duración del tratamiento antes de la suspensión.
La Dra. Correa también menciona que el verano presenta múltiples factores que pueden contribuir a la descompensación emocional, como el desorden en los horarios de sueño, el aumento del consumo de alcohol y la presión social por mostrarse bien. “Todo eso puede afectar la estabilidad emocional, especialmente en personas que están en tratamiento. Por eso recomendamos que el autocuidado no se interrumpa en verano”, afirma.
Desde la experiencia clínica, se ha observado que muchas consultas en marzo corresponden a recaídas o reagudizaciones asociadas a tratamientos abandonados durante el verano. “Retomar un proceso después de interrumpirlo suele implicar volver a etapas anteriores. Es mucho más saludable sostener el tratamiento, aunque se ajuste su formato o frecuencia”, asegura la psiquiatra.
Los especialistas coinciden en que el verano no debe ser una excusa para abandonar los tratamientos, sino que se deben adaptar. En este sentido, la telemedicina se presenta como una herramienta clave para evitar interrupciones. “Hoy existen alternativas para seguir en contacto con el equipo tratante. La clave es no tomar decisiones apresuradas y conversar cualquier cambio con el profesional”, concluye la Dra. Correa.
La continuidad en los tratamientos de salud mental es fundamental, al igual que en los tratamientos para enfermedades físicas crónicas, y es esencial mantener la atención médica durante todo el año.
