Leon Weintraub: un testimonio de resistencia y memoria del Holocausto.

Leon Weintraub, sobreviviente del Holocausto, cumple 100 años y comparte su desgarradora historia de sufrimiento y resistencia ante los nazis

Leon Weintraub, un sobreviviente del Holocausto que recientemente cumplió 100 años, rememora con claridad la invasión nazi de su ciudad natal, Lodz, en Polonia, el 9 de septiembre de 1939. A la edad de 13 años, no podía imaginar los horrores que le esperaban. En febrero de 1940, él y su familia fueron forzados a trasladarse al gueto de Litzmannstadt, donde aproximadamente 160,000 judíos fueron hacinados. Aquellos que intentaban escapar eran fusilados.

Weintraub recuerda que la vida en el gueto era una lucha constante por la supervivencia. Obligado a realizar trabajos forzados en un taller eléctrico, aprendió que ser útil a los nazis aumentaba las posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, muchos murieron debido a enfermedades y hambre. “La palabra hambre ocupa un lugar muy especial en mi vocabulario, en mi mente, en mi ser”, afirma. Para él, el hambre era una experiencia desgarradora, muy diferente al simple apetito que se menciona hoy en día.

En el verano de 1944, el gueto fue liquidado y los habitantes fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Weintraub recuerda el momento en que fue transportado en un tren de carga, hacinado junto a otros prisioneros. “Estábamos tan apretados que solo podíamos estar de pie. Las puertas estaban cerradas, no había comida ni bebida”, relata. Al llegar, se dio cuenta de que no estaban en otro gueto, sino en un lugar de horror. En la infame “selección” en la rampa, vio por última vez a su madre, quien fue enviada a la muerte en la cámara de gas.

“Y entonces comenzó el proceso de deshumanización”, recuerda Weintraub. Los prisioneros eran despojados de su humanidad, desnudados y desinfectados. La imagen del olor a carne quemada se ha quedado grabada en su memoria. A pesar de la desolación, él se rodeó de otros prisioneros, buscando un instinto de supervivencia.

Weintraub logró sobrevivir a la cámara de gas por pura casualidad. Cuando los prisioneros de su bloque fueron enviados a la muerte, él se mezcló con un grupo que iba a trabajar en el campo de Gross-Rosen. Su suerte continuó cuando, poco antes del final de la guerra, un tren que transportaba prisioneros fue atacado por un cazabombardero francés, lo que le permitió escapar.

Finalmente, se encontró con un soldado francés y supo que su sufrimiento había terminado. A pesar de haber sobrevivido, pesaba solo 35 kilogramos y padecía tifus. La noticia de que tres de sus hermanas habían sobrevivido en el campo de concentración de Bergen-Belsen le dio un nuevo sentido a su vida. “Y entonces me convertí nuevamente en humano. El comienzo de mi viaje de regreso a la vida”, dice.

Decidido a ayudar a otros, Weintraub se convirtió en ginecólogo y obstetra, motivado por su experiencia cercana con la enfermedad y la muerte. En 1946, el Gobierno militar británico le ofreció una plaza para estudiar en Gotinga, Alemania. A lo largo de su carrera, ha defendido que la ideología racial del nacionalsocialismo carece de base científica.

En 1950, regresó a Polonia, pero emigró a Suecia en 1969 debido al aumento del antisemitismo. Desde entonces, ha luchado contra el olvido del Holocausto, considerándolo un deber hacia sus familiares asesinados. Para él, permitir que la memoria se desvanezca es como robarles la vida una vez más. Por ello, se ha inmortalizado como holograma, buscando educar a las nuevas generaciones sobre el Holocausto. “Apenas ha pasado una vida humana, y muchos jóvenes ya no saben qué es el Holocausto”, advierte. A pesar de la oscuridad, Weintraub se muestra optimista: “Estoy convencido de que, con el tiempo, el sentido común prevalecerá y la humanidad comprenderá que es hora de construir juntos un futuro pacífico”.