Investigadores chilenos mejoran la reforestación con árboles nativos más resistentes.

Investigadores chilenos innovan con microorganismos para crear árboles nativos más resistentes a incendios forestales y estrés ambiental

En medio de los devastadores incendios forestales que han afectado a las regiones de Ñuble y Biobío, un grupo de investigadores chilenos ha hecho un descubrimiento que podría revolucionar la prevención de estos siniestros. Un estudio realizado por la Universidad de la Frontera propone el uso de microorganismos del suelo para desarrollar árboles nativos más resistentes, lo que podría aumentar significativamente la supervivencia de especies en terrenos degradados.

El proyecto, liderado por el Dr. Andrés Fuentes, académico de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Medio Ambiente de la UFRO, se centra en la producción de árboles que, desde su germinación, sean capaces de tolerar condiciones adversas como el estrés hídrico, térmico y nutricional. Esto es crucial, ya que la reforestación tras un incendio a menudo fracasa debido a que las plantas se cultivan en condiciones óptimas, pero luego enfrentan suelos degradados que carecen de nutrientes y presentan un alto estrés ambiental. “Hoy la reforestación post-incendio fracasa en gran medida porque las plantas se producen en condiciones muy favorables. Pero luego se enfrentan a suelos degradados por el fuego, que tienen pocos nutrientes y un alto estrés ambiental. En este proyecto lo que hacemos es preparar las plantas desde la germinación para que puedan adaptarse y sobrevivir bien en esos escenarios extremos”, explicó Fuentes en declaraciones a The Clinic.

Durante la primera fase del estudio, se implementó una estrategia eco-biotecnológica que combina el cultivo de plantas con microbiomas, microorganismos que desempeñan un papel fundamental en la disponibilidad de nutrientes en suelos afectados por incendios. Fuentes destacó que uno de los principales desafíos de la reforestación post-incendio es que las plantas producidas de manera convencional no logran adaptarse al ambiente degradado que deja el fuego, lo que resulta en una alta tasa de mortalidad, con más del 60% de las plantas que pueden morir durante el primer año.

Los resultados iniciales del proyecto han sido alentadores. Aunque las especies cultivadas con esta técnica no necesariamente crecieron más rápido ni fueron más grandes en vivero, sí desarrollaron características internas que las hacen más tolerantes y resilientes al estrés ambiental. Este enfoque innovador podría ser clave para mejorar las tasas de éxito en la reforestación de áreas afectadas por incendios, contribuyendo así a la recuperación de los ecosistemas dañados en Chile.