En un contexto de contracción demográfica, China ha registrado en 2025 una disminución de su población de aproximadamente 3,39 millones de personas, según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística. Este descenso marca el cuarto año consecutivo de reducción poblacional, consolidando una tendencia que representa un punto de inflexión histórico para el país.
Las causas de esta caída se deben principalmente a dos factores estructurales: el notable descenso en la natalidad y el acelerado envejecimiento de la población. En años anteriores, China ya había experimentado descensos poblacionales de 850.000 habitantes en 2022, 2,08 millones en 2023 y 1,39 millones en 2024. En 2025, se registraron 7,92 millones de nacimientos, una cifra que representa un mínimo histórico en comparación con los 9,54 millones del año anterior. A pesar de que desde 2021 se permite a las familias tener hasta tres hijos, esta política no ha tenido un impacto significativo en el aumento de la natalidad. Factores como el alto costo de la crianza, las exigencias del mercado laboral y los cambios culturales han limitado la efectividad de los incentivos gubernamentales.
El fenómeno de la contracción poblacional no es exclusivo de China; otros países como Japón, Corea del Sur y gran parte de Europa también enfrentan desafíos similares, caracterizados por poblaciones envejecidas y fuerzas laborales en retroceso. Estas economías se ven obligadas a depender más de la productividad y la automatización que del aumento de la mano de obra, lo que a su vez genera presiones fiscales en áreas como pensiones y salud.
A diferencia de China, algunos países europeos han utilizado la inmigración como un amortiguador para su población en declive, una estrategia que no ha sido adoptada de manera significativa en el caso chino. En contraste, naciones con crecimiento demográfico sostenido, como India, continúan aumentando su población y mantienen una base laboral joven, lo que apoya su expansión económica, aunque también enfrentan retos en empleo, infraestructura y servicios públicos.
En África subsahariana, países como Nigeria, Etiopía y la República Democrática del Congo están viendo un crecimiento demográfico que podría ofrecer un potencial dividendo económico, siempre que se acompañe de inversiones en educación, industrialización y creación de empleo formal. Este contraste entre países con contracción poblacional y aquellos en expansión resalta una brecha creciente en las dinámicas económicas globales.
La trayectoria demográfica de China no solo redefine su propio modelo de crecimiento, sino que también refleja un reordenamiento más amplio de las fuerzas económicas a nivel global.
