El caldo de huesos, una preparación ancestral, ha resurgido en popularidad en Chile, impulsado por las redes sociales y la tendencia de los superalimentos. Sin embargo, expertos advierten que, aunque sus beneficios son reales en ciertos casos, no son milagrosos.
Este caldo, que tradicionalmente ha sido la base de platos como cazuelas y guisos, ahora se encuentra disponible en supermercados, compitiendo con bebidas funcionales y suplementos. La transformación de este alimento básico en un fenómeno moderno mezcla tradición con marketing, lo que ha llevado a un aumento en su consumo.
El caldo de huesos se elabora a partir de huesos de animales, como vacuno, pollo o cerdo, que se cocinan a fuego lento durante varias horas para extraer su sabor, colágeno y minerales. Para su preparación, los huesos son limpiados y pueden ser tostados para intensificar el aroma, luego se hierven junto a agua, verduras y especias como cebolla, ajo, zanahoria, laurel y pimienta. Este proceso puede durar entre 6 y 24 horas, resultando en un caldo concentrado y nutritivo, rico en gelatina, que se utiliza como base para sopas o se consume solo.
El académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Santiago (USACH), Tito Pizarro, comentó que “los caldos de hueso son parte de la cultura popular en distintas partes del mundo. Antes se decía que eran muy buenos para la salud, que mejoran la inmunidad, las defensas, pero la verdad es que hay pocos estudios que muestran cuán efectivos son los caldos de los preparados de hueso”. A pesar de la falta de evidencia concluyente, algunos estudios sugieren que el caldo de huesos puede tener efectos positivos en el tracto gastrointestinal, especialmente en personas con disfunciones intestinales.
Por su parte, Evelyn Sánchez, académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la UDLA, explicó que los componentes nutricionales del caldo de huesos, como la gelatina derivada del colágeno, son ricos en aminoácidos como glicina y glutamina, que pueden contribuir a la salud digestiva. “Estos compuestos pueden apoyar indirectamente la salud digestiva al favorecer la integridad de la barrera intestinal y ofrecer un alimento suave y de fácil digestión”, indicó. Sin embargo, enfatizó que la evidencia científica no respalda que el caldo de huesos trate enfermedades gastrointestinales por sí solo, por lo que sus beneficios son complementarios a una dieta equilibrada.
Pizarro también advirtió que el caldo de huesos no es un producto milagroso. “Pareciera que en algunos grupos de personas puede ayudar, pero no es un alimento súper poderoso que va a cambiar la salud de la población”, afirmó. Por ello, instó a la población a no dejarse llevar por mensajes que promueven este tipo de alimentación como la solución a todos los problemas de salud. En su lugar, recomendó una dieta balanceada que incluya frutas, verduras y legumbres.
Sánchez añadió que, aunque el caldo de huesos es generalmente seguro, algunas personas deben tener precaución al consumirlo. Aquellos con hipertensión arterial deben considerar que muchos caldos comerciales pueden contener altos niveles de sodio, lo que no es recomendable en dietas bajas en sal. Además, personas con gota o niveles elevados de ácido úrico podrían experimentar molestias debido a las purinas liberadas durante la cocción. También se aconseja cautela en casos de enfermedad renal crónica, ya que el contenido de minerales puede variar, y en personas con alergias alimentarias, dependiendo de los ingredientes utilizados.
En conclusión, aunque el caldo de huesos puede ser beneficioso para algunas personas, los expertos coinciden en que lo más importante es mantener una dieta equilibrada y variada. “Promover una alimentación basada en las guías alimentarias para la población chilena es fundamental”, concluyó Pizarro, subrayando la importancia de una alimentación más natural y en familia.
