Las tensiones en la península de Corea impactan la vida diaria de los norcoreanos, donde el acceso a entretenimiento extranjero puede resultar en castigos severos.
Un reciente informe de Amnistía Internacional revela que los testimonios de norcoreanos que han logrado escapar del régimen de Kim Jong-un describen un ambiente de miedo y represión, donde ver una serie de televisión surcoreana puede conllevar consecuencias extremas, incluyendo ejecuciones públicas. Las entrevistas, realizadas a 25 personas que huyeron entre 2019 y 2025, indican que programas populares como “El juego del calamar” de Netflix son considerados delitos bajo la estricta legislación del país.
Las autoridades norcoreanas han reportado la quema de más de 20 mil hectáreas de bosque, afectando especialmente a un parque nacional conocido. Los testimonios también sugieren que la severidad de las sanciones varía según la posición socioeconómica de las familias. Aquellos con recursos o conexiones pueden eludir las penas más severas mediante sobornos, mientras que las personas sin medios enfrentan castigos brutales sin posibilidad de defensa.
Además de las ejecuciones, los relatos incluyen detenciones arbitrarias y registros en hogares sin orden judicial, en busca de dispositivos que contengan contenido extranjero. Las humillaciones públicas son parte de lo que el régimen denomina “educación ideológica“. Estas prácticas reflejan la dureza del régimen de Kim Jong-un, que considera la cultura surcoreana, desde dramas hasta música pop, como un enemigo ideológico a erradicar.
Las restricciones y sanciones extremas evidencian una estrategia de control que no solo busca limitar el acceso a información alternativa, sino también infundir temor en la población para disuadir cualquier forma de disidencia cultural o intelectual. Organizaciones internacionales han denunciado que estas prácticas violan derechos humanos fundamentales y han instado a una mayor atención y presión diplomática para garantizar la seguridad de los ciudadanos en Corea del Norte.
