Agostina Páez, una abogada argentina de 29 años, se reencontró con su familia en Río de Janeiro, Brasil, donde enfrenta acusaciones de injuria racial y se encuentra bajo restricciones judiciales.
Después de casi un mes sin contacto, Páez abrazó a su padre, Mariano, y a su hermana Justina, de 16 años, en un emotivo encuentro. Este reencuentro se produce en un contexto complicado, marcado por decisiones judiciales contradictorias en su caso. En declaraciones al medio argentino TN, la abogada, que no mostró su rostro, expresó su angustia y el clima de miedo que la rodea. “No quiero mi cara más por ningún lado, al menos aquí en Brasil. Hay una campaña antifascismo con mis imágenes. Estoy en peligro, recibo amenazas constantemente”, afirmó. Además, agregó: “Me quieren matar”.
Páez fue trasladada a una sede de la Policía Civil de Río de Janeiro el pasado viernes, tras la orden de prisión preventiva relacionada con un incidente ocurrido el 14 de enero en un bar de Ipanema. Sin embargo, horas después, esta medida fue revocada, permitiéndole regresar al departamento donde cumple con las restricciones impuestas. Actualmente, la abogada lleva una tobillera electrónica, debe residir en el mismo domicilio y tiene prohibido salir de Brasil. También está obligada a presentarse ante la Justicia local una vez al mes, entre el 1 y el 10, mientras su caso sigue en trámite.
En su relato sobre la experiencia en la dependencia policial, Páez describió su situación como un “calvario”, mencionando que enfrentó muchas dificultades, incluso por parte de la Policía, a pesar de la orden de liberación. “Me filmaban, exponían mis cosas. Me siento muy desprotegida. Hay gente que me odia”, comentó. Aunque no pudo entrar en detalles sobre el caso, defendió su postura: “No mentí en nada. Decían que había dicho otros insultos y es mentira. Hay mucho ensañamiento”.
Su padre, Mariano Páez, también expresó su preocupación por la seguridad de su hija. “Sentí mucho miedo, temí por la vida de ella. Ahora me siento tranquilo de que está acompañada”, dijo. Confirmó que permanecerán en Río de Janeiro durante una o dos semanas para reunirse con abogados y el consulado argentino, añadiendo: “Mi deseo es que ella pueda volver al país”.
Agostina Páez está imputada por injuria racial, un delito que en Brasil puede conllevar penas de entre dos y cinco años de prisión efectiva. El caso se originó el 14 de enero, cuando fue grabada realizando gestos considerados racistas hacia empleados de un bar. Según su versión, su comportamiento fue una reacción a provocaciones previas. La Policía Civil concluyó la investigación el 23 de enero, considerando suficiente el video presentado por los denunciantes. Posteriormente, se difundió otra grabación en la que un mozo le grita en la vía pública y realiza gestos obscenos, lo que llevó a la defensa de Páez a solicitar una investigación sobre la conducta del empleado.
