¿Quién será el animador del Festival de Viña 2025? Se revelará pronto

La tarotista Vanessa Daroch realizó una aparición en el programa “¡Hay que decirlo!”, donde compartió sus predicciones sobre quién podría ser el compañero de Karen Doggenweiler en el Festival de Viña 2025. Durante la conversación, el presentador Nacho Gutiérrez planteó la pregunta: “¿El animador de Viña sale de estos tres nombres?”, mientras se mostraban imágenes de los posibles candidatos: Rafael Araneda, Julián Elfenbein y Rodrigo Sepúlveda.

Vanessa Daroch mencionó que existe la posibilidad de que haya un candidato que no estaba presente en el programa, pero que está en conversaciones, sugiriendo que esta opción podría estar más cerca de concretarse que las otras. En su análisis de las cartas, la tarotista descartó a Rodrigo Sepúlveda, afirmando que le salió la carta de bastos, lo que, según su interpretación, indica “puros problemas” y sugiere que “a lo mejor no se siente preparado” para asumir el rol.

En cuanto a Julián Elfenbein, Daroch indicó que él siente que “todavía no es el momento” para asumir la animación del festival. Por otro lado, se refirió a Rafael Araneda como el que está “más a la cabeza” para el puesto, afirmando que “estoy dispuesto ahora ya, si me lo proponen digo que sí”, en referencia al esposo de Marcela Vacarezza.

Sin embargo, Vanessa Daroch también destacó que la opción que está más cerca de ser confirmada es Martín Cárcamo, quien, según se mencionó, ha sido mencionado por Pamela Díaz. La tarotista anticipó que la decisión sobre quién será el animador del Festival de Viña 2025 se conocerá pronto, afirmando: “Yo creo que de acá a 4 días ya está. Se va a filtrar o, incluso, lo darán como confirmado. De acá al lunes se sabrá”.

Además, Daroch proporcionó más información sobre el candidato favorito de los ejecutivos que tomarán la decisión final. Mencionó que este candidato estuvo en conversaciones para cambiarse a Mega y que, entre esta persona y Rafael Araneda, solo falta llegar a un acuerdo económico. “Para uno es más tema de plata que para el otro”, concluyó la tarotista.

Jean Philippe Cretton revela detalles de su vida amorosa y sorprende con su respuesta

Jean Philippe Cretton habla sobre su vida amorosa y su futuro en la animación, aclarando su estado sentimental y su enfoque en el trabajo y la paternidad.

Continua leyendo Jean Philippe Cretton revela detalles de su vida amorosa y sorprende con su respuesta

Belén Mora revela sus miedos en el tercer embarazo: “Van más asociados con la pérdida”

Belén Mora anuncia su tercer embarazo y comparte sus miedos tras una pérdida. Conoce su historia en el próximo capítulo de Podemos Hablar.

Continua leyendo Belén Mora revela sus miedos en el tercer embarazo: “Van más asociados con la pérdida”

Viña 2019, día seis: prefiero que me odien, pero que nunca me olviden

El Festival de Viña del Mar llegó a su fin, pero no con ese glamour que tanto extrañan los nostálgicos, a ratos refugiados en el Rosco de “Pasapalabra” o en algún título de Netflix. El último capítulo del certamen provocó la misma molestia que la llamada del conserje a la medianoche pidiendo bajar el volumen de la fiesta. A lo mejor muchos soñaban con que Queen y Adam Lambert aparecieran para arreglarlo todo. O con Lady Gaga saltando desde la concha acústica como en el Super Bowl. Soñar es gratis (todavía), pero traer a artistas de renombre no lo es. Menos con una alcaldía puesta en tela de juicio en reiteradas ocasiones y dos canales especialistas en crisis.

Pese a lo anterior, ocurrió un milagro que revivió las esperanzas de un festival recuperado. Tras el saludo inicial de Martín Cárcamo y María Luisa Godoy, más una tanda de comerciales, se presentaron las dos canciones ganadoras de las competencias internacional y folclórica: “Ya no más”, de la peruana Susan Ochoa, y “Justo ahora”, de los argentinos Destino San Javier. Hay que preguntarse si para el próximo año sería buena idea que las competencias fueran al principio. Total, el monstruo es paciente y anoche lo demostró con creces. Pero no hay que acelerarse.

La jornada de clausura partió con Bad Bunny, un hombre catalogado como el rey del pop latino por la mismísima Rolling Stone. También suele ser el objeto de burla preferido de los anónimos puristas que tapizaron Twitter con sus reclamos. Resultó encantador aquel video collage con el que introdujo su actuación. En él aparecían Gustavo Cerati, Daddy Yankee, Gloria Trevi y Juan Luis Guerra, entre otros próceres de la música latinoamericana que alguna vez pasaron por el festival. Con la “Primavera” de Antonio Vivaldi (la banda sonora de los intelectuales) como música de fondo, la premisa de la introducción era hacer notar que por la Quinta Vergara pasaron las estrellas más importantes y respetadas del continente. Aunque “ninguno de ellos… cantante de trap”.

El mensaje fue notable. Fue como el beso de la muerte dedicado a sus detractores. Pero pocos lo notaron, porque el ojo que apareció en la pantalla después del video opacó lo anterior. Con “Estamos bien”, el “Conejo Malo” apareció vestido de rosado, con la capucha del polerón puesta y lentes negros que recordaban a cierto meme llamado “deal with it”. A diferencia del monstruo genuflexo que recibió a los Backstreet Boys, el público de anoche quería carrete y Bad Bunny les dio la mejor fiesta de sus vidas, para desgracia de los viudos del Festival de Viña de 1981.

Bad Bunny no tiene una voz extraordinaria, es el zar del autotune y de verdad cuesta entender lo que dice, aunque eso último no importó demasiado porque casi toda la Quinta Vergara se sabía la letra de sus canciones. Como un ejemplo para los escépticos, la cámara supo captar a la profesora Maitén Montenegro y al estricto Neilas Katinas bailando al ritmo del trap. Esta vez el sonido acompañó y el over playback no lo superó, a diferencia de lo ocurrido más tarde con Becky G.

Se paseó por el escenario, se presentó, agradeció y rindió homenajes. En “Amorfoda”, dedicada al famoso e insigne Chimuelo, los asistentes encendieron las linternas de sus celulares y en lo más profundo de sus discos duros recordaron al ex que más los cagó (en vista de los garabatos que se han dicho en esta edición, nos permitimos utilizar este verbo). También trajo a El Alfa, exponente del dembow, y a Arcángel, una institución del reggaetón que distrajo la vista con sus guantes amarillos de lavar loza.

¿Por qué la gente ama el trap? Por su sencillez. Sus exponentes coinciden en que se trata de un género democrático. Los más populares partieron en sus casas, con un computador, un software, un micrófono y las ganas. No se necesitan mayores explicaciones porque la música simplemente es. ¿Querer a Bad Bunny es obligatorio? No. ¿Y a los Beatles? Tampoco. ¿Conocerlos? Depende. Son distintas generaciones, lugares, necesidades, estímulos, búsquedas. Por otra parte, catalogar al fanático del trap como reo, lanza o posero con pistola es deleznable. También lo es la respuesta de vuelta: odiar a Bad Bunny no es igual a tener más coeficiente intelectual. De todos modos, la música es tan diversa que Spotify te da la chance de silenciar (o cancelar, el verbo de la última era) a los artistas odiados.

Hablando de silencios, después de Bad Bunny fue el turno de Bonco Quiñongo, un comediante cubano que hizo tres cosas. La primera fue cumplir con el cuoteo del humor internacional impuesto por la cadena estadounidense de turno. Lo otro fue superar a Pedro Ruminot en la cantidad de veces que dijo “negro”. Aunque acá estábamos ante un negro-negro, cuya sonrisa es un foco más del escenario. Lo tercero fue dejar en claro que en Cuba es muy difícil conseguir chicles. A diferencia de Mauricio Palma, el humorista del día anterior, Quiñongo no tenía que sobrevivir tras un número fuerte. Sin embargo, su trabajo era hacer reír y no lo consiguió del todo. De hecho, si hubo carcajadas destacables dentro y fuera de la Quinta, fue por los toques de diana de Pancho Saavedra desde el palco.

Quiñongo fue más bien un cuentacuentos con poca gracia y con el mismo volumen de voz que Rafael Araneda, que sólo reafirmó —desde su vereda— la rutina insuperable de Jorge Alís en torno a la migración. Cumplido el deber, se retiró del escenario con todos los huesos en su lugar y los animadores dieron el pase a los comerciales, desatando una pifiadera más del monstruo, que Carlos Rivera no logró revertir en el backstage con su premio al artista más popular. A la vuelta ocurrió algo inesperado: lo hicieron regresar y le entregaron la gaviota de plata. El monstruo siguió reclamando y le dieron la de oro. El comediante de visita agradeció al público con una frase que sí fue graciosa: “Estoy viviendo la mejor película de mi vida. El monstruo no se comió al negro”.

Becky G fue la última en presentarse. Apareció con un vestuario color Canal 13 —había que compensar que los reyes de Viña fueran de TVN— y desató el perreo con “Booty”, la canción con la que abrió su espectáculo. Tal fue la magia de la estadounidense de origen latino que juntó a Pancho Saavedra con Karen Doggenweiler, en una danza sublime que fue lo más genuino de la alianza estratégica entre los dos canales.

El público que se quedó —en síntesis, casi todos— aguantó el frío sólo para corear “Mayores”, el tema que catapultó a la cantante, alzándola como una de las mujeres que cambiaron la historia masculina del reggaetón. Mencionó en dicha canción a Luka Tudor, su compañero del jurado, lo que seguramente otorgará cien años de material a “Los Tenores” de ADN. También se podía leer el estribillo en las pantallas del escenario, en especial el “que no me quepa en la boca”, frase que seguramente generó un colapso en las mentes de Vasco Moulián y Patricia Maldonado, guardianes de la moral y las buenas costumbres más cercanos a dos gatos cuidando una carnicería.

Becky G celebró sus 22 años recién cumplidos y recibió dos gaviotas de regalo. La primera fue prácticamente impuesta, porque el público esperaba que interpretara más canciones antes de hacer la petición. Al carecer de hits en solitario y con un repertorio basado en colaboraciones, la calidad de su show palideció con sus acompañantes fantasmas. Incluso parecía ilógico que Bad Bunny no se quedara un ratito más para cantar “Mayores” con ella. Su show duró poco más de media hora.

Para hacer un análisis más profundo y enfrentarnos a la vergüenza de un festival cada día más parecido a una transnacional, hay que recuperarse de la resaca del carrete y calmar las pasiones. Por suerte, el próximo certamen ya tiene fecha y comenzaron las apuestas. Habrá que esperar. De pronto la organización agacha el moño y destina los meses que vienen en arreglar el formato. O simplemente se dedicará a ilusionarnos como todos los años, tal como aquella broma en que te pasan la caja de un iPhone y dentro de ella encuentras un celular con teclas.

Viña 2019, día cinco: caída de carnet

En la era del streaming y las redes sociales, existe un ferviente deseo de toda una generación de revivir una época en que los artistas eran realmente inalcanzables, por lo que tocaba hacer múltiples esfuerzos para tenerlos cerca, aunque fuera en un póster pegado a la cabecera de la cama. Los fanáticos de aquella era grababan en casete y en VHS, atesoraban el CD —sobre todo si era original— y no había más red social que las cartas publicadas en las revistas juveniles, en las que se podía saber en qué estaban aquellos ídolos. El TV cable se encargó de acercarlos a través de MTV —cuando era un canal de música y no un compendio de realities de borrachos— en medio de la eterna espera de una visita a Chile.

Los Backstreet Boys comprendieron todo aquello a la perfección, con la claridad de quienes ganan dinero principalmente a través de la nostalgia. Con un setlist que aseguraba la presentación de gran parte de sus éxitos, la boy band más importante de los 90 volvió a la Quinta Vergara con la mejor sonrisa. De alguna forma, el público que agotó las entradas en dos horas había madurado junto con ellos. Muchas de sus fanáticas tienen hijos con sus nombres, tal como se repitió hasta el cansancio en los memes de la jornada. No importaba si uno tenía un poco más de guata u otro lucía un rostro notoriamente estirado. El sueño se hizo realidad, se subieron al escenario y fueron los mismos de siempre.

Rara vez se ha visto un monstruo más ruidoso como el de anoche. Al fin resultó la magia de la cámara viajera y mostró una Quinta absolutamente repleta. Tal era el entusiasmo que Martín Cárcamo y María Luisa Godoy eligieron entrar desde el palco. Nick, Brian, Kevin, A.J. y Howie D abrieron su show al ritmo de “Larger Than Life”, una canción escrita antes de comenzar el nuevo milenio y cuyo objetivo fue agradecer a sus fanáticos por el apoyo. Ellos no se guardaron los artilugios de la era reciente: Nick hizo una transmisión en vivo por Instagram.

Se trataba del número más esperado, al que le correspondía enaltecer un festival salpicado de debilidades. Desde el punto de vista del televidente, el sonido presentó algunas irregularidades y el over playback —que significa cantar en vivo sobre una pista con voces grabadas— a ratos fue más poderoso. Pero eso no importó, porque los Backstreet Boys estaban en Chile y eso superaba cualquier cosa. Es más: ningún recordatorio en contra de Nick Carter, acusado de violar a una fanática en 2003 y libre de cargos por prescripción del caso, impidió que el monstruo le gritara “mijito rico”.

Volviendo a la Quinta Vergara, el quinteto se lució con coreografías muy trabajadas y una fuerte cercanía con el público. Se cambiaron de ropa cuatro veces, de vez en cuando pasaban el micrófono a las chicas que estaban en primera fila, recogieron banderas, mostraron un cartel con una fotografía de ellos en sus comienzos e incluso tuvieron la cortesía de ensayar y mostrar su mejor español en contadas ocasiones. Gracias a eso, el monstruo pudo cantar “Nunca te haré llorar” con la fuerza de un exorcismo y abrazado a una almohada imaginaria, pensando en el amor de adolescencia. El punto máximo fue cuando la cámara enfocó a un extasiado Felipe Avello, uno más que cumplió su sueño de verlos. Una vez más, todos fuimos Felipe Avello.

La casi perfección de su show contrastó con los tropiezos de los animadores. Ante la prensa aseguraron que practicaron su inglés, pero frente a los mismísimos Backstreet Boys se enredaron con las frases y la pronunciación. Aquel porrazo dejó una lección infalible en tiempos de selección escolar: estudiar en un colegio con nombre anglo no garantiza convertir al alumno en bilingüe. De todos modos estamos en Chile, un país contradictorio que tiene el spanglish en un pedestal y que puso a los “BackstreetS Boys” como el trending topic de la noche.

Con “Everybody”, el grupo se retiró con la convicción de haber dejado satisfecho a su público y la promesa latente de regresar en el marco de la gira de su nuevo disco, “DNA”. Sin embargo, el monstruo no conoce la palabra “satisfacción” cuando se trata de estrellas de verdad, en especial si ellas no reciben la burocrática gaviota de platino. Las pifias se escucharon hasta Las Vegas, sobre todo en el backstage, que ocupó una vez más el recurso de colocar a Sebastián Yatra como escudo. Pero el colombiano recibió el reproche de un publico enojado al osar cantar como los Backstreet Boys. Los animadores tampoco hicieron mucho, con un guión sacado de un call center para intentar calmar los ánimos.

En ese clima ingresó Mauricio Palma, la carne de cañón elegida por la organización. Estaba nervioso, las palabras se le escapaban y en sus silencios cabía un universo entero. El monstruo se armó de paciencia para escuchar una rutina en la que apeló a la política y la situación país para sacar alguna sonrisa. Tuvo algunos pasajes acertados, pero lo cierto es que recibió más aplausos de ánimo que carcajadas. La lentitud de su monólogo, centrado un buen rato en las catástrofes de los últimos años, lo expuso ante un público cabreado. Tuvo que recurrir al recurso Rimember Chile —recordar comerciales, hablar de las fiestas del pasado y apelar a la misma nostalgia— para sobrevivir y no ser el segundo devorado del humor.

Recién después de la primera pausa, en la que recibió la gaviota de plata, recurrió al personaje que muchos esperaban: Violento Parra, aquel trovador ABC1 que le canta a Valle Nevado y a Lucía Hiriart. Aquel recurso le valió la gaviota de oro. El consenso fue “le regalaron las gaviotas”, pero en realidad los premios representan una indemnización por colocar a un comediante nuevo después de un número que agotó entradas en dos horas. Hubo más justicia el año anterior, cuando Sergio Freire tuvo que actuar después de CNCO, otra boy band —cuya calidad ha sido puesta en duda muchas veces— cuyas miles de fanáticas son menores de 18 años y se instalaron durante días afuera del Hotel Sheraton, llenando la vereda y dificultando el paso de los peatones.

En resumen: Mauricio Palma habrá sido débil en contenido y dejó botados al resto de sus personajes, pero pasará a la historia por dar vuelta un marcador imposible la misma noche en que Jani Dueñas borró su Twitter y le puso candado al Instagram.

Avanzada la noche, la mitad de la Quinta Vergara se fue mientras se desarrollaban las finales de las competencias que supuestamente dan vida al Festival de Viña. En la internacional, la peruana Susan Ochoa se llevó las dos gaviotas de interpretación y mejor canción con una poderosa balada. Los argentinos Destino San Javier derrotaron en la folclórica a Benjamín Walker —nominado a un Grammy Latino, pero calificado por el público con un 3,2— y también recibieron los dos premios de la competencia. Las lágrimas de los ganadores, que ven al Festival Viña como el sueño más anhelado, deberían provocar la suficiente vergüenza como para enderezar el certamen.

Camila Gallardo, “Cami”, sale a escena pasadas las 2:30 de la madrugada. Es la única artista chilena de la parrilla festivalera, pero la colocan en un horario y en un día en el que la mitad del público no se esforzaría en quedarse. Pero ella es poderosa, en voz y personalidad, y cautiva a un monstruo reducido, aunque fiel. Al principio da muestras de ansiedad, pero luego se va afirmando y se planta con la calidad vocal con la que hoy ostenta una carrera ascendente. El tuitero chaquetero afirma que “grita mucho”. Pero grita afinado, con una fuerza desgarradora que a esos mismos críticos no les sale ni en la ducha ni en la borrachera del karaoke.

Sus compañeros del jurado son sus mayores aliados. Sebastián Yatra la mira con esa devoción que sólo se ve en los mexicanos que adoran a la Virgen de Guadalupe. Loreto Aravena corea “Más de la mitad”, la misma que acompañaba sus escenas de amor en “Preciosas”. Tini Stoessel, la visita ilustre, es una de las que lidera la hinchada y a la vez abraza a un cariñoso Yatra en “Abrázame”, encendiendo las redes sociales. Cami recibe tanto amor dentro y fuera de la Quinta Vergara que aquello compensa la indecente ausencia de la galería. Martín Cárcamo le dice que cuando sea “grande, grande” volverá a recibir el cariño del público. En realidad, debió decirle que cuando sea “grande, grande” recibirá trato de show principal y no de cierre de transmisiones.

Hoy termina el Festival de Viña y, curiosamente, el público sí se quedará hasta el final gracias a Becky G. A estas alturas, lo único que se puede esperar es que tanto ella como Bad Bunny gocen de un sonido de show internacional y no de bingo de colegio. Para alivio de los animadores, estos artistas hablan español, por lo que no debería haber más condoros lingüísticos. Sin duda, esta celebración de los 60 años ha sido la más extraña de todas, como una piñata de cumpleaños a la que se rompe el cordel.