El estrés crónico tiene un impacto significativo no solo en el estado mental de las personas, sino también en su salud física, especialmente en lo que respecta a la salud cardiovascular. Este tipo de estrés puede provocar un aumento en la producción de sustancias inflamatorias que desencadenan problemas de salud graves, que van desde insomnio y trastornos digestivos hasta infartos y accidentes cerebrovasculares. La noción de “mala sangre”, que se utiliza comúnmente en el lenguaje coloquial, tiene un fundamento científico, ya que las tensiones emocionales sostenidas afectan la calidad de la sangre y, por ende, la salud general del individuo.
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