Judith Marín

Judith Marín y la controversia por su nombramiento como ministra de la Mujer: críticas y defensas en el debate público

La designación de Judith Marín como nueva ministra de la Mujer y Equidad de Género en el gobierno de José Antonio Kast ha generado una fuerte controversia, con críticas y defensas que reflejan la polarización política en Chile. Desde el mundo evangélico, se han manifestado en apoyo a Marín, mientras que varios parlamentarios del oficialismo han cuestionado su nombramiento.

La senadora electa Karol Cariola, del Partido Comunista, se refirió a Marín como una “exorcista” y la diputada Emilia Schneider, del Frente Amplio, calificó su nombramiento como “muy mala señal”. Schneider expresó su preocupación por el hecho de que el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género esté bajo el control del Partido Social Cristiano, que representa a la derecha más conservadora. “Estaremos alertas, no vamos a permitir retrocesos en derechos para las mujeres y diversidades sexuales”, afirmó la diputada, recordando que Marín ha sido una figura activa en la oposición a la ley de aborto en tres causales y ha manifestado su desacuerdo con la existencia del propio ministerio que ahora dirigirá.

El diputado liberal Vlado Mirosevic también criticó la elección de Marín, argumentando que su perfil representa un “fanatismo religioso” que no es adecuado para un cargo en un Estado laico. Mirosevic destacó que su oposición no se basa en las creencias religiosas de Marín, sino en sus posiciones extremas que ha demostrado en el pasado.

Por otro lado, el diputado Héctor Barría, de la Democracia Cristiana, defendió a la futura ministra, señalando que no es justo exigir credenciales basadas en su religión. Barría se opuso a lo que denominó “canutofobia”, refiriéndose a la discriminación por motivos religiosos. El obispo Emiliano Soto, presidente emérito de la Mesa Ampliada UNE CHILE, también respaldó a Marín, argumentando que las críticas son prejuicios y que el debate debería centrarse en lo político. Soto enfatizó que todos merecen respeto por sus convicciones y que la ministra deberá respetar el estado laico, aunque la democracia regula la convivencia entre los ciudadanos.

La controversia en torno a Judith Marín se produce en un contexto donde la política chilena enfrenta desafíos significativos en materia de derechos de género y diversidad sexual, y su nombramiento podría tener implicaciones importantes para la agenda de igualdad en el país.