Juan Carlos Ibáñez, conocido como el “Bombero”, fue un destacado delantero argentino que dejó una huella imborrable en el fútbol chileno, especialmente en la Universidad de Chile, donde brilló en la década de los 90.
Ibáñez, apodado “Bombero” por el exfutbolista Ricardo Bochini, ganó notoriedad tras anotar dos goles decisivos para Independiente en la Supercopa Sudamericana, salvando al equipo en un momento crítico. Su celebración característica, una doble voltereta, se convirtió en un sello personal, resultado de su formación en gimnasia acrobática desde joven. Inició su carrera profesional en Independiente en 1987, donde permaneció hasta 1989, alcanzando la final de la Supercopa Sudamericana, aunque el equipo fue derrotado por Boca Juniors en penales.
Tras un breve paso por la segunda división de España y el club argentino El Porvenir, Ibáñez regresó a Independiente en 1991, donde jugó durante dos años más. En 1993, se unió al Deportivo Cali en Colombia y, posteriormente, a la Universidad de Chile, donde debutó en agosto de ese mismo año en un amistoso contra el Real Madrid. Durante su primera temporada en la U, Ibáñez anotó 15 goles en 27 partidos oficiales, formando una delantera memorable junto a Ariel Beltramo y Marcelo Jara.
En 1994, junto a su compañero Iván “Matador” Salas, Ibáñez ayudó a la Universidad de Chile a consagrarse campeón del fútbol chileno y a llegar a las semifinales de la Copa Conmebol, donde fueron eliminados por Peñarol. Ese año, el “Bombero” marcó 13 goles en el torneo nacional. En 1995, Ibáñez repitió el éxito al convertirse en bicampeón del fútbol chileno, siendo recordado por su entrega y velocidad en el campo.
Sin embargo, su rendimiento comenzó a decaer y en 1996 fue cedido al Sport Boys de Perú. Regresó a la U en 1997, pero no logró recuperar su nivel, lo que llevó a su salida del club. A lo largo de su carrera, Ibáñez también jugó en Unión Española, Cobresal, Deportes Concepción y Deportes Melipilla, donde se retiró en 2003.
Después de colgar las botas, Ibáñez se dedicó a administrar un minimarket en Providencia, donde a menudo era reconocido por los hinchas de la U. En una entrevista, recordó: “Los hinchas de la U a veces me reconocen, me piden autógrafos y se sorprenden. Vienen y me preguntan: ‘¿vos sos el Bombero, el que juega fútbol?’. Yo a veces les digo que no, que se están confundiendo”.
Más tarde, se trasladó a su ciudad natal, San Martín, donde gestionaba un complejo deportivo y un negocio de venta de comidas. Sin embargo, el 4 de octubre de 2015, la comunidad futbolística se vio sacudida por la trágica noticia de su fallecimiento a los 46 años, tras ser agredido en una pelea callejera después de un partido de fútbol en el Chaco. Según informes policiales, Ibáñez fue encontrado con lesiones graves en la cabeza y falleció poco después en el hospital.
La justicia argentina condenó a 20 años de prisión a Rolando Javier Cañete, el único acusado por el homicidio de Ibáñez. Su muerte dejó un profundo dolor entre los aficionados del “romántico viajero”, quienes aún recuerdan su legado y su icónica celebración en el campo de juego.
