El Departamento de Salud de Estados Unidos ha presentado una nueva pirámide alimenticia que introduce cambios significativos en las recomendaciones nutricionales del país.
El nuevo esquema, que ahora adopta una forma de pirámide invertida, elimina las golosinas y aumenta la cantidad diaria recomendada de proteínas. Según Catalina Bustos Vergara, nutricionista zonal de IST-Mutualidad, especializada en nutrición integrativa y psiconutrición, “dentro de la pirámide invertida, ahora los predominantes, en la parte más ancha, están las proteínas, los lácteos y las grasas saludables. Y lo que cambia, es que los granos y cereales están en la parte más angosta, en lo que antes era la punta de la pirámide”.
La nueva guía nutricional sugiere que la ingesta de proteínas debe incrementarse de 0.8 gramos a entre 1.2 y 1.6 gramos por kilogramo de peso corporal. Sin embargo, Bustos advierte que este enfoque está diseñado para una población sin restricciones alimentarias ni enfermedades preexistentes. Para aquellos con condiciones específicas, como enfermedades renales, se requieren recomendaciones personalizadas, ya que un aumento en la ingesta de proteínas podría ser perjudicial.
Además, la pirámide no incluye legumbres ni otros alimentos típicos de culturas fuera de Estados Unidos. Bustos señala que “no es algo que sea aplicable a todas las culturas, recordemos que está hecha desde EE.UU. para EE.UU. y la idea es potenciarla mundialmente, pero no está hecha para todas las culturas”. Por ejemplo, en países como Chile y Brasil, el consumo de legumbres y porotos negros es considerablemente mayor, lo que hace que su ubicación en la parte más alta de la pirámide no sea del todo adecuada, dado que son alimentos ricos en proteínas.
Otro cambio importante es la nueva consideración de las grasas saludables. Anteriormente, se recomendaba limitar su consumo, pero ahora alimentos como el aceite de oliva, los frutos secos y la palta ocupan un lugar central en la pirámide. Los lácteos también tienen mayor presencia, con una mención específica a las opciones semidescremadas y enteras, aunque su consumo debe ser evaluado individualmente debido a posibles efectos adversos en algunas personas.
Los cereales y granos, que antes eran considerados alimentos fundamentales, ahora se encuentran en la parte más angosta del esquema. Aunque se sigue recomendando priorizar versiones integrales y limitar los carbohidratos refinados, la cantidad de porciones sugeridas ha disminuido.
La nueva pirámide también ha eliminado el espacio destinado a golosinas con azúcares añadidos, grasas saturadas y harinas refinadas, que anteriormente se ubicaban en la parte superior para indicar que su consumo debe ser ocasional. Bustos cuestiona el enfoque restrictivo hacia el azúcar, argumentando que “alineándome con la psiconutrición, considero que, al prohibir, las dietas restrictivas generan más daño en la relación con los alimentos que una buena relación con ellos”.
Finalmente, Bustos hace un llamado a adoptar una alimentación saludable, priorizando alimentos no procesados y escuchando las señales del cuerpo, buscando un equilibrio que sea realista y sostenible a largo plazo.
