La Corte de Apelaciones de Concepción ha ordenado a una mujer en Hualpén, Región del Biobío, que implemente medidas para mitigar los constantes ladridos de su perro, que han afectado la salud y tranquilidad de su vecina, una adulta mayor de 91 años. La decisión se tomó tras acoger un recurso de protección presentado por la anciana, quien argumentó que los ruidos del animal le causan trastornos significativos en su vida diaria.
El tribunal calificó los ladridos del perro como “violencia sorda” y advirtió que la exposición continua a estos ruidos puede provocar problemas de salud, especialmente en personas mayores. En su resolución, la corte destacó que tales perturbaciones pueden generar altos niveles de estrés y ansiedad, además de agravar condiciones médicas preexistentes, lo que vulnera el derecho a la salud y a una vida digna de la afectada.
La mujer de 91 años relató a 24 Horas que los ladridos del perro le dificultan recordar sus actividades diarias, lo que ha alterado su rutina. “El perro me produce trastornos que perturban mi rutina diaria, porque a veces no recuerdo qué estoy haciendo. Tengo que sentarme, reflexionar qué estaba haciendo para seguir”, expresó.
Como parte de las medidas ordenadas, la corte instruyó a la dueña del perro a adoptar acciones efectivas para reducir el ruido, lo que podría incluir el aislamiento acústico del espacio donde se encuentra el animal. Para asegurar el cumplimiento de estas medidas, el tribunal ha solicitado al Municipio de Hualpén que realice la fiscalización correspondiente.
La dueña del perro tiene la opción de apelar la decisión ante la Corte Suprema, lo que podría prolongar el proceso. Este caso resalta la importancia de la convivencia armónica en comunidades y el impacto que los animales de compañía pueden tener en la calidad de vida de los vecinos.
