Una madre lucha por la educación de sus hijos

La emotiva travesía de una profesora que cruzó el mar para inscribir a sus hijos en la universidad en Santiago

En el inicio del proceso de matrículas universitarias, una madre del Archipiélago de Juan Fernández ha destacado por su esfuerzo al viajar a Santiago para inscribir a sus hijos en la universidad.

Daniella Brito, profesora básica rural, llegó el 22 de enero a la Universidad de Chile con el objetivo de matricular a su hijo biológico, Fernando González, y a Alexandra López, la pareja de este, de quien es tutora legal y considera como una hija más. Fernando comenzará sus estudios en Ingeniería Forestal, mientras que Alexandra se inscribirá en Administración Pública. Ambos son los primeros del archipiélago en la generación mechona de 2026.

La historia de Daniella es conmovedora, ya que Alexandra llegó a su vida como pareja de su hijo, pero rápidamente se convirtió en parte de su familia. “Para mí son los dos hijos, no hay diferencia”, afirmó Daniella. Sin embargo, el proceso de matrícula no estuvo exento de dificultades, especialmente por la falta de asignación de gratuidad para Alexandra, lo que complicó la situación, como se detalla en una nota de la misma universidad.

Además, los trámites se vieron afectados por las limitaciones de vivir en una zona aislada, donde no hay notaría y los traslados al continente dependen de vuelos escasos y condicionados por el clima. Aprovechando un viaje médico previamente programado, Daniella decidió acudir personalmente a la Casa de Andrés Bello para resolver la situación. “Quedé súper tranquila”, relató.

Daniella es titulada de la Universidad de Playa Ancha y hace cuatro años decidió cumplir su sueño de trabajar como profesora en Juan Fernández. Fernando, quien tiene formación técnica en agronomía desde la enseñanza media, inicialmente optó por Agronomía, pero tras quedar en lista de espera, se matriculó en Ingeniería Forestal. Por su parte, Alexandra encontró su vocación en Administración Pública después de explorar diversas alternativas.

Ambos jóvenes se trasladarán al continente en febrero y se establecerán inicialmente en Los Andes, ciudad de origen familiar. Para Daniella, la separación no será fácil, pero confía en el camino que están comenzando. “Yo siempre estoy. No hay opción de no estar”, dice, y envía un mensaje claro a otras familias: “No le tengan miedo al cambio. Que se puede y que los cabros pueden. Nada es imposible”.