La industria minera del cobre en Chile enfrenta riesgos significativos debido a eventos climáticos, según un estudio de la Universidad de Chile.
Una investigación reciente publicada en la International Journal of Mining, Reclamation and Environment, liderada por la académica Paulina Fernández y los doctores Luis Felipe Orellana y Emilio Castillo, advierte que para el año 2030, las pérdidas anuales en la producción de cobre podrían alcanzar hasta US$9.700 millones en escenarios de sequía y alrededor de US$1.600 millones en casos de precipitaciones extremas. Este análisis se basa en el estudio de 53 eventos climáticos ocurridos entre 2001 y 2022, utilizando el sistema ARC-CLIM del Ministerio del Medio Ambiente para proyectar los impactos futuros.
Los resultados del estudio indican que las precipitaciones extremas podrían reducir la producción nacional de cobre entre un 1,39% y un 5,08%, lo que se traduce en pérdidas de entre 91 mil y 334 mil toneladas anuales. En el caso de sequías, el impacto es aún más severo, con pérdidas que oscilan entre el 2,62% y el 10,72%, equivalentes a entre 172 mil y 705 mil toneladas anuales.
Orellana subrayó que tales pérdidas tendrían un efecto directo en la disponibilidad de cobre en el mercado, lo que podría resultar en un menor valor comercial y una disminución de los ingresos fiscales del país. Además, enfatizó la necesidad de que cada mina desarrolle estrategias específicas para enfrentar las amenazas climáticas, dado que el riesgo varía según factores como la geografía, la disponibilidad de agua y la infraestructura.
“El impacto depende de la zona geográfica en que se ubican las minas. No se puede reaccionar con un plan único, debe ser específico por ubicación”, afirmó Paulina Fernández. El estudio propone un marco replicable para evaluar el impacto de disrupciones en cada mina, sugiriendo que se implementen medidas para mejorar la eficiencia en el uso del agua y fortalecer la infraestructura crítica.
Orellana concluyó que integrar el riesgo climático en la planificación y operación minera es esencial para asegurar el suministro de cobre en el futuro.
En el contexto del mercado, el precio del cobre experimentó un aumento significativo en 2025, impulsado por disrupciones en minas clave como El Teniente y Grasberg en Indonesia, así como por la posible imposición de aranceles por parte de la administración de Donald Trump en 2026. La creciente demanda de cobre para la electrificación y energías renovables también ha contribuido a la apreciación del metal, con proyecciones de un déficit estructural en el mercado para este año.
