En la historia de la música pop, pocos artistas han alcanzado el nivel de innovación, popularidad e influencia que han tenido Michael Jackson y Prince. Ambos dominaron la industria durante los años 80, redefiniendo el género y estableciendo nuevos estándares en creatividad y performance. Aunque sus carreras estuvieron marcadas por estilos y enfoques distintos, hubo un momento en que sus caminos casi se cruzaron en una colaboración que, de haberse concretado, podría haber sido un hito en la música. Se trataba de Bad, uno de los grandes éxitos de Jackson, que en su principio fue concebido como un dueto con Prince. Sin embargo, diferencias artísticas y personales impidieron que este encuentro se materializara.