Sufrir un accidente de tránsito es una de las experiencias más desagradables que una persona puede enfrentar en la vía pública. Gracias a la evolución de la tecnología y la seguridad pasiva, los automóviles modernos ofrecen una mayor protección a los ocupantes, y salvo en accidentes de alta velocidad, generalmente no se deben lamentar lesiones físicas de gran magnitud. Sin embargo, como consecuencia de esa misma mejora en los estándares de seguridad, los vehículos actuales están diseñados para deformarse de manera que amortigüen mejor los impactos y protejan el habitáculo. Esto significa que chocar un automóvil, que solía ser muy costoso hace 30 años, ahora puede resultar en que incluso un leve impacto implique recurrir a un taller y desembolsar una suma considerable de dinero en reparaciones, tarea que, en gran medida, queda a cargo de las compañías de seguros.