Desde siempre, por motivos que desconozco, he tenido una relación extraña con los gatos. Para empezar, son una fuente de alergia muy intensa para mí, más que el polen o el polvo -No me gané la lotería genética precisamente-. Lo demás no lo puedo explicar, supongo que es una cosa de química, un trauma de una vida pasada, una presencia energética opuesta e incompatible.