La conducta de masticar, una actividad fundamental en la vida de los perros salvajes, ha disminuido considerablemente en los perros domésticos debido a la dieta moderna basada en croquetas y otros “premios”. Esta transformación, que puede parecer inofensiva, tiene profundas consecuencias para la salud física, mental y emocional de los animales, según una revisión científica publicada en la revista Frontiers in Veterinary Science. En su estado natural, un perro puede pasar más de una hora masticando. Por ejemplo, el dingo australiano dedica hasta 108 minutos en una sola sesión a desmembrar y consumir presas, huesos, palitos o granos, como se indica en Phys Org. Estos comportamientos responden a una necesidad biológica y no son simplemente un hábito lúdico. Sin embargo, en los entornos domésticos, esta actividad ha sido prácticamente eliminada debido a los alimentos procesados que no requieren esfuerzo ni manipulación oral.