En un reciente mitin, Drew Johnson, candidato republicano al Congreso, hizo una broma sobre su falta de “credibilidad” entre los votantes filipinos, a quienes ha estado cortejando durante varios meses. Johnson inauguró una oficina de campaña en un vecindario predominantemente filipino, disfrutó de un kamayan (banquete tradicional filipino) y fue persuadido, aunque sin éxito, a cantar karaoke en las fiestas de las casas de los residentes. Recientemente, algunos miembros de la comunidad lo nombraron “filipino honorario”, y él les compartió que le encanta vacacionar en Filipinas. “Siempre se puede contar con buena comida, es una bendición”, comentó mientras la banda Common Kings, de origen estadounidense y hawaiano-samoano, entretenía a la audiencia, muchos de los cuales llevaban carteles y camisetas que decían “Asiáticos por Trump”.