La sostenibilidad de los sistemas previsionales en el mundo enfrenta múltiples desafíos, siendo el demográfico uno de los más significativos. A medida que la expectativa de vida aumenta, se requiere financiar las pensiones durante un periodo más prolongado. En el caso de Chile, la expectativa de vida promedio ha crecido en aproximadamente 20 años desde la creación del sistema de AFP a inicios de los años 80. Además, la disminución de la tasa de natalidad implica que habrá menos personas ahorrando durante su etapa activa, lo que pone en riesgo la viabilidad de los modelos de reparto a nivel global. En América Latina, se suma otro factor: la alta informalidad laboral. Aunque en menor medida que muchos de sus pares, Chile también enfrenta esta problemática, con una tasa de ocupación informal que alcanza el 27%, según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Todos estos elementos, junto con menores tasas de retorno, presionan la necesidad de realizar ajustes en parámetros como la tasa de cotización y, para muchos expertos, la edad de jubilación.