En un episodio revelador de la biografía Elon Musk, escrita por Walter Isaacson, el magnate conocido por sus empresas Tesla y SpaceX recurrió a una medida inusual: compró cientos de Apple AirTags. El propósito detrás de esta acción fue seguir el rastro de los servidores de Twitter mientras eran trasladados de un estado a otro, luego de que adquiriera la red social. La razón de esta estrategia de monitoreo tan poco convencional residía en la importancia de estos equipos para el funcionamiento de la plataforma. Musk deseaba mantener el control sobre cada servidor durante el proceso de traslado para prevenir posibles inconvenientes. Decidido a no correr riesgos, agotó el inventario de la Apple Store cercana, lo que le permitió conocer en todo momento la ubicación exacta de estos críticos.