En el oscuro y peculiar universo de los 90, un experimento cinematográfico surgió de la mente creativa del actor y guionista Dan Aykroyd. Inspirado por un susto personal en una carretera, Aykroyd intentó fusionar el terror y la comedia en una sola obra, un concepto que en papel parecía prometedor, pero que en la práctica resultó ser un estrepitoso fracaso. Nothing but Trouble representó una debacle profesional tanto para su elenco como para Warner Bros. La inspiración para esta película se remonta a 1987, cuando Aykroyd y su hermano vieron Hellraiser. Tras esa función, Aykroyd ideó una mezcla de comedia, reforzada por una experiencia personal: años atrás, un tribunal rural en Nueva York lo había retenido durante horas tras una infracción de tránsito. Ese recuerdo inspiró al personaje Alvin Valkenheiser, un juez excéntrico y cruel.
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