La situación política en Venezuela se torna cada vez más tensa tras la reciente incautación de un petrolero por parte de soldados estadounidenses en las costas del país caribeño. Este evento ha suscitado interrogantes sobre el futuro del presidente Nicolás Maduro y la influencia de potencias como Estados Unidos y China en la región.
Parsifal D’Sola Alvarado, director de la Fundación Andrés Bello y experto en relaciones chino-latinoamericanas, ha señalado que, independientemente de quién asuma el poder en Caracas, es probable que la primera llamada sea a Donald Trump y la segunda a Xi Jinping. Alvarado, quien ha trabajado con el líder opositor Juan Guaidó, expresó en una entrevista con DW que “China no quiere problemas con Estados Unidos”, lo que sugiere que Pekín podría no ofrecer un respaldo activo a Maduro en caso de una intervención estadounidense.
Actualmente, China se ha convertido en el mayor comprador del petróleo venezolano, con un análisis de la Agencia de Energía de EE.UU. (EIA) que indica que en 2023, aproximadamente dos tercios de las exportaciones de crudo de Venezuela se dirigieron a China, mientras que solo un 23% fue a Estados Unidos. Sin embargo, las sanciones impuestas por la administración Trump a la petrolera estatal PDVSA en 2019, junto con el bloqueo del acceso de Venezuela al mercado financiero estadounidense desde 2017, han impactado severamente la industria petrolera del país.
Las exportaciones de crudo venezolano cayeron drásticamente, alcanzando casi 500,000 barriles diarios en 2021, una caída significativa desde los casi dos millones de barriles diarios en 2015. La mala gestión, la corrupción y la falta de inversiones han contribuido a este deterioro continuo. Sin embargo, en 2023 se ha observado un leve repunte en la producción, alcanzando 655,000 barriles diarios, y en noviembre de ese año, las exportaciones llegaron a 921,000 barriles diarios.
Este repunte se ha visto facilitado por la flexibilización de las sanciones estadounidenses tras la invasión rusa a Ucrania en 2022. En noviembre de 2022, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE.UU. otorgó licencias a la petrolera estadounidense Chemron para reanudar las exportaciones de crudo desde sus empresas mixtas en Venezuela. En octubre de 2025, Chevron recibió una nueva autorización para aumentar su producción en el país, lo que ha llevado a que sus operaciones representen casi una cuarta parte de la producción petrolera venezolana.
Por otro lado, las inversiones chinas en Venezuela se limitan a iniciativas privadas específicas, como el desarrollo de dos yacimientos petroleros por parte de la empresa China Concord Resources Corp, que prevé inversiones superiores a los 1,000 millones de dólares para producir hasta 60,000 barriles diarios hacia fines de 2026. Sin embargo, los bancos estatales chinos no han otorgado nuevos créditos a Caracas desde 2016, lo que indica un repliegue de Pekín en su apoyo a Maduro.
Alvarado ha indicado que la falta de nuevos créditos y la disminución de las relaciones diplomáticas son señales de que China no apoya incondicionalmente al régimen de Maduro. En el pasado, China ya había expresado su descontento por la corrupción y el uso poco transparente de los créditos otorgados a Venezuela.
Finalmente, Alvarado considera que las sanciones estadounidenses son solo un “clavo más en el ataúd” de la relación entre China y Venezuela, sugiriendo que un cambio de régimen en Caracas no tendría un impacto económico significativo para Pekín, aunque sí alteraría su influencia geopolítica en la región.
