El 14 de diciembre de 2025, José Antonio Kast se convirtió en el presidente más votado de la historia de Chile, obteniendo 7,2 millones de votos, lo que representa un 58,16% del total. Su victoria fue contundente, superando a Jeannette Jara por 16 puntos porcentuales, y marcando un hito al romper con la creencia de que ningún candidato que había votado “Sí” en el plebiscito de 1988 podría llegar a La Moneda.
Este triunfo ha suscitado un intenso debate entre analistas y políticos sobre el impacto del voto obligatorio, implementado en 2022, como un factor decisivo en el resultado electoral. En las elecciones presidenciales de 2021, donde Kast perdió ante Gabriel Boric, la participación fue de 8,3 millones de votantes, en un sistema de voto voluntario. Sin embargo, en 2025, con el voto obligatorio, la cifra de votantes se disparó a 13,4 millones, lo que representa un incremento de 5,1 millones de personas que antes no acudían a las urnas.
La Tercera destaca que esta es la primera elección presidencial desde 2013 con voto obligatorio, y Kast logró captar la mayor parte de estos nuevos votantes. Según Ricardo González, director del Laboratorio de Encuestas de la Universidad Adolfo Ibáñez, este nuevo electorado se caracteriza por no tener una ideología definida ni identificación con partidos tradicionales, y tienden a estar descontentos con el gobierno actual.
Un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP) revela que este “nuevo electorado” tiene un menor nivel educacional, actitudes políticas más moderadas y una mayor preocupación por problemas cotidianos. Juan Ignacio Brito, en su columna para Nuevo Poder, se refiere a ellos como el “tercio olvidado” de Chile, que durante años no se sintió representado por la élite política.
Los datos comparativos entre las elecciones de 2021 y 2025 son reveladores. En 2021, Boric obtuvo 4,6 millones de votos (55,87%) y Kast 3,6 millones (44,13%), mientras que en 2025, Jara logró 5,2 millones (41,84%) y Kast 7,2 millones (58,16%). Esto indica que Kast casi duplicó su votación, sumando 3,6 millones de nuevos votos, mientras que Jara apenas incrementó su apoyo en 600 mil votos respecto a Boric.
El análisis del Panel Ciudadano-UDD sugiere que sin el voto obligatorio, el resultado habría sido mucho más ajustado, manteniendo la polarización histórica entre el “Sí” y el “No” de 1988. Además, la figura de Franco Parisi, líder del Partido de la Gente, quien obtuvo 2,5 millones de votos en la primera vuelta, también influyó en el resultado. Se estima que el 55% de sus votantes apoyó a Kast en la segunda vuelta, lo que le otorgó una ventaja adicional.
Los analistas coinciden en que la victoria de Kast no se debe únicamente al voto obligatorio. Factores como la crisis de seguridad, el desgaste del gobierno de Boric, la unidad de la derecha y la preocupación por la migración también jugaron un papel crucial. La percepción de inseguridad ha aumentado, y el discurso de orden de Kast resonó con un electorado que busca soluciones rápidas a problemas concretos.
El nuevo electorado, que se caracteriza por su desinterés en la política tradicional y su impaciencia, plantea un desafío para el próximo gobierno. Según Paulina Valenzuela, de Datavoz, este grupo no tiene lealtades políticas y espera resultados inmediatos. La presión sobre Kast será alta, ya que muchos votantes lo eligieron más por rechazo a Jara que por un apoyo firme a su ideología.
Finalmente, el fenómeno del voto obligatorio ha demostrado ser un cambio significativo en la política chilena, aumentando la participación electoral y dando voz a un sector de la población que había estado marginado. La historia del voto en Chile muestra que la participación ha fluctuado drásticamente entre el voto voluntario y el obligatorio, y este último ha permitido que el “tercio olvidado” se haga presente en las urnas. Con la asunción de Kast el 11 de marzo de 2026, se verá si este nuevo electorado encontrará en su gobierno las respuestas que busca.
