La escritora mexicana Socorro Venegas, originaria de Cuernavaca, ha compartido su experiencia personal y su proceso creativo en una reciente entrevista con Infobae Cultura. Venegas, quien ha sido galardonada con el Premio Nacional de Novela Carlos Fuentes, reflexiona sobre cómo las vivencias de su vida han influido en su obra literaria. Su primera novela, La noche será negra y blanca (Ediciones parte maldita, 2009), se basa en su propia historia, marcada por la pérdida de su hermano menor, Gabriel, quien falleció a causa del cáncer cuando ella tenía 11 años. Este evento trágico la llevó a encontrar en la lectura una forma de evasión y, posteriormente, en la escritura, un medio para procesar su dolor.
En la entrevista, Venegas menciona: “Comencé a leer de una manera desesperada a los 11 años, cuando mi hermano menor Gabriel, de nueve, murió de cáncer. Era la posibilidad de evadirme de lo que pasaba en casa”. Esta experiencia de vida se convierte en el motor de su producción literaria, donde las emociones y las vivencias personales se entrelazan con la ficción. La autora describe su proceso creativo como un intento de “comprender lo incomprensible”, utilizando la escritura como una herramienta para explorar y dar sentido a su dolor.
La narrativa de Venegas se caracteriza por su profundidad y su capacidad para abordar temas complejos como la pérdida y la transformación personal. En su obra, la familia juega un papel central, aunque en su ficción, la familia que se presenta ha dejado de serlo. “No hay familia. Cuando el dolor habla, dicta ese tipo de necesidades incomprensibles. Desesperadas”, explica. Esta búsqueda de significado en medio del sufrimiento es un tema recurrente en su trabajo.
Venegas también habla sobre su libro El diario Ceniza (Páginas de espuma, 2021), que es otra obra autobiográfica. En este texto, la autora aborda el dolor de la pérdida de su esposo, quien falleció repentinamente debido a un aneurisma. La escritura de este libro fue un proceso terapéutico que comenzó tres meses después de su muerte, y que se transformó en un acto de sanación. “Tardé 3 meses en poder empezar a escribirlo. 20 años después, el acto terapéutico de la escritura, indicado por un médico, transformó el libro, que había nacido publicado”, comenta.
La autora también reflexiona sobre el impacto del tiempo en el proceso de duelo, afirmando que “el tiempo inmovilizado transforma. Cambia siempre”. Venegas describe su experiencia de viudez como un estado civil insoportable, donde la devastación se convierte en el telón de fondo de su escritura. En este sentido, su obra se asemeja a la de Joan Didion, quien también exploró el duelo en su novela autobiográfica El año del pensamiento mágico.
En la conversación, Venegas se pregunta si existen otras formas de aprender a lidiar con la pérdida, y sugiere que a veces, la respuesta puede encontrarse en momentos de tranquilidad, como “hamacas paraguayas, bebiendo coco, debajo de una palmera”. La autora expresa su deseo de encontrar un sentido en el sufrimiento, cuestionando la necesidad de aprender a través del dolor. “¿Para qué? ¿Tengo que sufrir para aprender? ¿Por qué?”, se pregunta, reflexionando sobre la naturaleza del sufrimiento humano y su representación en la literatura.
La obra de Socorro Venegas se presenta como un testimonio de la capacidad de la literatura para abordar el dolor y la pérdida, ofreciendo una mirada profunda y conmovedora sobre la experiencia humana.
