
La frontera sur de Argentina se caracteriza por su diversidad y su naturaleza inhóspita, donde la vastedad de la estepa patagónica parece desdibujar los límites entre países. Este territorio, que ofrece un paisaje único y la posibilidad de recorrer kilómetros en absoluta soledad, se torna aún más crudo durante la época invernal. En este contexto, se han documentado cientos de caminos clandestinos que son transitados con una habitualidad que roza la naturalidad. Fronteras, un libro de Lucía Salinas, se presenta en una nueva edición impresa ampliada, tras el éxito de su versión digital que alcanzó 11,650 descargas. La presentación de esta obra se llevará a cabo el martes 29 en la librería Dain, ubicada en Nicaragua 4899, Ciudad de Buenos Aires.
Investigación sobre la frontera sur
El libro surge de una profunda investigación sobre la frontera norte de Argentina, planteando la pregunta: ¿qué faltaba por explorar en el sur? La relación entre Argentina y Chile, países limítrofes, se basa en un concepto de soberanía territorial indiscutible. Sin embargo, al pensar en fronteras, surge la cuestión de si existen rincones en la Patagonia donde no hay hitos geográficos que indiquen dónde comienza y termina el suelo nacional. En esta ampliación, Salinas se enfoca en cómo muchas realidades replican dinámicas inherentes a esos bordes que buscan delimitar la soberanía. El desafío ha sido profundizar en otra realidad que construye bordes, cruzándolos y borrando esas líneas que tantas veces hemos visto trazadas en la cartografía.
Identidad en la frontera
Estos lugares adquieren una impronta particular que les da vida a través de intercambios continuos, creando lo que se puede denominar “identidad frontera”. Este fenómeno no solo se limita a un país, sino que también se extiende a la relación entre ambos. En el norte, Salinas señala ciertos delitos como el contrabando de vino Malbec y el tráfico de drogas, que son formas de interacción entre ambos lados de la frontera. La autora explica que las organizaciones criminales logran operar en este extenso recorrido, lo que requiere, indefectiblemente, la colaboración y connivencia de algunos funcionarios y fuerzas federales que deben controlar las rutas que unen el sur.
La situación económica de las comunidades en estos puntos tan lejanos de uno y otro lado de la frontera crea un universo paralelo de necesidad extrema. Es inevitable concluir que las fronteras patagónicas abarcan una gran extensión, donde la geografía aporta su propia identidad, constituyendo un factor determinante en este vasto territorio. La estepa, con sus reiterados kilómetros, se convierte en un espacio beneficioso para ciertos delitos, ya que impone la idea de “tierra de nadie”.
Características de la frontera
En la región sur, se observa que, a pesar de ser inmensa y despoblada, la situación no se traduce necesariamente en un aumento de delitos. La particularidad de la provincia de Santa Cruz es que, a pocos metros de las instalaciones de los puestos migratorios oficiales, conviven campos fronterizos. La expresión “porosas fronteras” se hace evidente al observar los números: entre la provincia de Tierra del Fuego y Santa Cruz, existen seis pasos fronterizos. Por ejemplo, en el paso de San Sebastián, que es insular, diariamente pasan 220 camiones desde el lado argentino hacia el chileno. Todos los pasos habilitados legalmente no cierran ningún año, y allí, la Aduana argentina cuenta con cuatro perros para fiscalizar.
Delitos transnacionales
La investigación también revela que, a pesar de la distancia, hay un avance que une los extremos del país. Los delitos denominados transnacionales han evolucionado en los últimos años, con bandas que operan como holdings. La finalidad de estas organizaciones sigue siendo la misma: mejorar los métodos que les permitan maximizar sus ganancias. Para que esto funcione, están vinculándose a través de distintas vías para blanquear capitales y las ganancias obtenidas, generando empresas fachada que se incorporan al mercado formal de bienes, lo que dificulta su detección.
El lavado de activos permite que sea más fácil generar delitos que trascienden sin reparar en jurisdicciones. Las fuerzas fiscales entienden que el trabajo para combatir estas organizaciones debe ser transnacional, intercambiando información de inteligencia y estableciendo contacto entre expedientes, generando documentación y datos que permitan llegar al corazón de los grupos, quienes son el eslabón intermedio que mueve la mercadería. Un ejemplo de esto es el caso de Salvador Mazza en Salta, donde se utilizaban patios de casas para pasar mercancías desde Bolivia.
Operaciones en la frontera
Otro factor a considerar es que las organizaciones criminales ocupan hectáreas de terreno en ubicaciones estratégicas, lo que les permite establecer caminos alternativos y clandestinos, alejados del control. La jurisdicción de Cruz es importante, ya que solo un alambrado marca la línea divisoria con Chile, lo que permite a los criminales movilizar grandes cantidades de mercadería. La justicia ha determinado que esto constituye una “transición de escalas”, que incluye cubiertas, cigarrillos y divisas. En el caso de estas últimas, se “cambia mucha plata” en los campos.
Las autoridades de la fuerza federal reflexionan sobre la necesidad de ver si se debe reformar parte de la legislación o si hay formas legales de ingresar a estos territorios. Desde Gendarmería Nacional, un equipo destinado a investigaciones admite que la peculiaridad de la frontera convierte el terreno en una suerte de “binacional”, transformando un obstáculo en una dificultad para trabajar. Partiendo de la base de que la geografía es extensa y compleja para las operaciones federales, se suman otros factores que complican la situación: la propiedad privada y las características geográficas que dificultan el acceso. Los vehículos normales tienen un acceso mucho más limitado, ya que hay muchas sendas estrechas de ripio, nieve y escarcha que pueden jugarles una mala pasada.
Conclusiones sobre las organizaciones criminales
Las organizaciones criminales encuentran en esta región un terreno propicio para operar, ya sea en el ámbito del narcotráfico o en el tráfico de activos. Con un personal reducido, estas organizaciones han trazado rutas inhabilitadas, sorteando todo tipo de inclemencias climáticas, lo que otorga peligrosidad a sus operaciones. La investigación de Salinas plantea interrogantes y abre nuevas discusiones sobre cómo el delito, lejos de separar, tiende a difuminar las fronteras, lo que lleva a una mayor complejidad en la lucha contra estas actividades ilícitas.















