El Día de los Inocentes, celebrado el 28 de diciembre, tiene un origen trágico que contrasta con las bromas y travesuras que caracterizan la fecha en la actualidad. Esta conmemoración recuerda el episodio bíblico en el que el rey Herodes I el Grande ordenó la muerte de todos los niños menores de dos años en Belén, tras enterarse del nacimiento de Jesús, quien había sido profetizado como el futuro rey de los judíos.
Según el relato del Nuevo Testamento, San Mateo narra que Herodes, al conocer la llegada de los Reyes Magos, intentó averiguar la ubicación del niño Jesús bajo el pretexto de querer adorarlo. Sin embargo, los Reyes Magos, advertidos en un sueño, regresaron a su país por otro camino, lo que llevó a Herodes a tomar la drástica decisión de eliminar a todos los infantes en Belén. Un ángel también advirtió a José, el padre de Jesús, quien huyó con su familia a Egipto para proteger al niño.
La conmemoración del Día de los Santos Inocentes se estableció para honrar a estos niños, considerados mártires. Aunque no hay un consenso sobre la fecha exacta de su inicio, la Enciclopedia Católica sugiere que comenzó a celebrarse entre los siglos IV y V, coincidiendo con la octava de Navidad, un periodo que comienza el 25 de diciembre. La elección del 28 de diciembre se justifica porque estos niños dieron su vida por el Salvador recién nacido.
Con el tiempo, la conmemoración ha evolucionado de un día de reflexión a una jornada de humor y bromas. Se cree que esta transformación se relaciona con ‘La Fiesta de los Locos’, una celebración popular de la Edad Media que se realizaba alrededor del 1 de enero, donde se parodiaban rituales eclesiásticos y se elegía un papa o obispo de broma. A pesar de las prohibiciones de la Iglesia, estas festividades continuaron hasta el siglo XVI.
A menudo se compara el Día de los Inocentes con el “April Fool’s Day” en países anglosajones, celebrado el 1 de abril. Sin embargo, sus orígenes son distintos. El “April Fool’s Day” tiene raíces en el cambio del calendario juliano al gregoriano en Francia en 1582, cuando el Año Nuevo se trasladó del final de marzo a enero. Aquellos que continuaron celebrando el Año Nuevo en abril se convirtieron en objeto de bromas por parte de quienes adoptaron el nuevo calendario, lo que llevó a la tradición de hacerles engaños y bromas.
Así, el Día de los Inocentes, que comenzó como un día de luto y reflexión, ha evolucionado a lo largo de los siglos, convirtiéndose en una jornada de humor y diversión, aunque su origen sigue siendo un recordatorio de un episodio trágico en la historia cristiana.
