La enseñanza del derecho en Chile enfrenta un desafío significativo debido a la creciente desconfianza en las instituciones, evidenciada por casos de corrupción y falta de control efectivo. Esta situación ha llevado a una crisis tanto de imagen como pedagógica, donde los educadores se encuentran ante estudiantes que cuestionan la validez del sistema legal.
En los últimos años, la complejidad de enseñar derecho ha aumentado, no por la dificultad de los contenidos, sino por la necesidad de abordar la percepción de que las instituciones están en crisis. La abogada y profesora de derecho penal en la Universidad Católica del Norte, Paulina Gutiérrez Peña, señala que los educadores deben lidiar con la pregunta constante de cómo enseñar que el sistema funciona cuando la experiencia cotidiana sugiere lo contrario.
Gutiérrez destaca que los estudiantes actuales han sido formados en un contexto de desconfianza y sospecha, alimentado por el acceso a información sobre irregularidades y decisiones judiciales que revelan las fallas del sistema. Esto plantea un dilema para los docentes: continuar con la enseñanza tradicional que ignora estas realidades o adoptar una postura pesimista que considera el derecho como una mera herramienta al servicio del poder.
La profesora argumenta que ambas posturas son problemáticas. La negación de la crisis institucional puede llevar a un discurso jurídico vacío, mientras que el pesimismo puede cerrar la puerta a la posibilidad de un cambio. En este sentido, la enseñanza del derecho debe encontrar un equilibrio entre reconocer las fallas del sistema y mantener la relevancia de las normas y procedimientos.
Gutiérrez enfatiza que no se trata de legitimar las instituciones, sino de comprender su funcionamiento y analizar las consecuencias de su mal desempeño. La crisis de confianza en las instituciones no hace innecesaria la enseñanza del derecho, sino que introduce una incomodidad que debe ser abordada. Los educadores tienen la responsabilidad de sostener el cuestionamiento sobre el sentido del derecho, mostrando cómo las categorías jurídicas operan incluso en contextos adversos.
La profesora concluye que el rol del docente no es blindar a las instituciones ni destruirlas, sino fomentar un análisis crítico que permita a los estudiantes entender el derecho como un sistema normativo que, a pesar de sus limitaciones, sigue siendo una herramienta esencial para enfrentar el poder. La enseñanza del derecho, por lo tanto, debe aceptar la perplejidad como parte de su naturaleza, evitando que la desconfianza se convierta en un vacío normativo que deslegitime el orden jurídico.
