
Un nuevo cometa interestelar, 3I/ATLAS, ha captado la atención de la comunidad científica debido a sus inusuales características y comportamientos. Este objeto, que fue descubierto el 1 de julio de 2025, se ha convertido en el centro de un intenso debate sobre la naturaleza de los cuerpos interestelares, ya que presenta 13 señales de alerta que lo distinguen de los cometas tradicionales, según el astrofísico Avi Loeb.
Las anomalías observadas en 3I/ATLAS han llevado a los científicos a cuestionar su comprensión actual de la dinámica de los objetos que provienen de fuera del Sistema Solar. Loeb, uno de los astrónomos más influyentes, ha recopilado estas 13 señales a partir de diversas observaciones realizadas entre julio y noviembre de 2025, que incluyen imágenes, mediciones de aceleración y cambios en la luminosidad del cometa.
Entre las irregularidades más notables se encuentran una aceleración no gravitacional inusual, cambios en el coeficiente A1 que obligaron a modificar modelos en tiempo real, y una trayectoria que se acerca peligrosamente al Hill radius de Júpiter, con una probabilidad estadística de coincidencia de menos de 0.00004. Además, se ha observado un patrón de luminosidad más pronunciado de lo esperado, lo que sugiere una actividad intensa cerca del perihelio, así como una anti-cola que parece resistir el viento solar de manera más efectiva que los cometas típicos.
Loeb ha enfatizado que, aunque estas anomalías no prueban que 3I/ATLAS sea un objeto artificial, sí indican que su comportamiento no se alinea con la física conocida de los cometas de hielo y polvo. “Este conjunto de comportamientos merece atención y análisis abierto en lugar de ser descartado por la inercia científica”, afirmó Loeb.
El cometa ha obligado a los investigadores a ajustar modelos de aceleración y actualizar parámetros en el sistema JPL Horizons, además de modificar predicciones sobre su encuentro con Júpiter. Los científicos advierten que los modelos actuales podrían ser insuficientes para explicar las observaciones, y los próximos meses serán cruciales, especialmente con la sonda Juno y otras misiones que aportarán datos desde posiciones clave en el Sistema Solar.
Loeb ha instado a no descartar prematuramente la posibilidad de que 3I/ATLAS pueda ofrecer información sobre tecnología avanzada o sobre el funcionamiento de los cuerpos interestelares. El periodo entre diciembre de 2025 y enero de 2026 será fundamental para recopilar observaciones desde telescopios terrestres y espaciales, culminando en el esperado acercamiento del cometa a Júpiter el 16 de marzo de 2026, donde se determinará si su proximidad al Hill radius es simplemente una coincidencia o si revela algo más significativo.




















